Costa Rica adopta un enfoque de mínima intervención en materia de juego. Los casinos presenciales son legales, pero deben operar dentro de hoteles, conforme a un decreto de 2008. Las apuestas deportivas siguen prohibidas y las loterías están bajo control estatal.
No existe un sistema formal de licencias para el juego online. Los operadores pueden registrarse localmente como empresas de procesamiento de datos, siempre que no dirijan sus servicios a jugadores costarricenses. En la práctica, muchos lo hacen, y la aplicación de la normativa es limitada. Este marco ha convertido al país en una base popular para marcas internacionales de juego, sin regular realmente su propio mercado.