Egipto se diferencia de la mayoría de los mercados de apuestas en África por tener uno de los enfoques más estrictos de la región. El país, hogar de más de 100 millones de personas, prohíbe las apuestas para sus ciudadanos tanto bajo la ley civil como por principios islámicos. Aun así, funcionan legalmente alrededor de 15 casinos en El Cairo y en ciudades turísticas como Sharm El Sheikh, pero están abiertos únicamente a titulares de pasaportes extranjeros.
No existe un mercado online regulado. Los egipcios que apuestan online dependen de sitios extranjeros, a menudo usando VPNs o métodos de pago alternativos para jugar. Las autoridades a veces bloquean sitios o persiguen redes de apuestas ilegales, pero los controles son irregulares.
Dada la oposición religiosa y cultural, no se esperan reformas en el futuro cercano, dejando a Egipto como un “mercado negro” para el iGaming a pesar de su enorme potencial demográfico.